LES VOY A CONTAR UN SUEÑO…

LES VOY A CONTAR UN SUEÑO que fue soñado de verdad. Sucedió así…

Ella se vistió de blanco, subió al barco que la esperaba y se hizo a la mar.

 

Las olas hamacaron su cuerpo al iniciar el viaje, mientras el calor del Sol acariciaba sus párpados.

 

El viento se embolsó en las velas y las gaviotas – majestuosas – salpicaron silencio en medio del cielo inmensamente azul.

 

El viaje fue largo: tan largo como una vida hasta su presente, pero el paso del tiempo logró despojarla de todo.

 

Y ella se entregó sin distinguir ya entre sueño y realidad.

 

¡¿Cómo hacerlo?! Si la conciencia era superior a todo lo conocido antes.

 

Creía estar más despierta que nunca: el balanceo del barco sobre el mar obligaba a soltar el cuerpo dejándolo cabalgar sobre esas maderas crujientes. Maderas que a su vez delataban cada paso en la conciencia. Solo el equilibrio interno permitía apoyar los pies sin resbalarse. Cada paso tenía sentido y al crujir la madera bajo su peso el corazón sabía que el paso había sido dado.

 

Qué viaje más extraño. Nunca faltó nada. Ella embarcó de blanco sin equipaje, y se entregó al destino, a cambio de este simple gesto – el Universo le entregó TODO.

 

Dejó de preguntarse el rumbo, el cuándo, o quién la estaría esperando.

Comprobó que las estrellas hablan, que el Sol baila, que la Luna tiene las olas más grandes que conociera en una suave marea de todas las aguas…

Comprendió la unión de todo y rió carcajadas, nunca más se sintió sola.

Nació una y otra vez con el amanecer. Experimentó la verdadera libertad, saltó al Universo y convencida de tener alas voló en los ojos de un águila… rescató la magia… sintió el poder de la vida y de la inmensidad.

 

Justo en ese momento – donde el sueño era demasiado real – las gaviotas volaron diferente.

 

¿La venían a buscar?

 

El barco giró sin timón y el viento lo acompañó.

 

El mar la entregó a la tierra. Sus pies desnudos pisaron la arena áspera que se mezcló entre sus dedos aún tibia.

 

Por un instante la invadió la nostalgia. El sueño se acabó.

Pensó en regresar al barco y escapar de la tierra…

 

Vivir la libertad tiene sus riesgos: el riesgo es no querer volver jamás.

 

Pero entre dos mundos pudo al fin comprender. Sus ojos se abrieron a una nueva verdad.

 

Eligió despertar porque la tierra tocó sus pies con amor en aquella playa. Volvió porque despierta es que puede de nuevo soñar.

 

Regresó porque su luz ha crecido tanto que ahora puede soñar y despertar mil veces… puede AMAR, morir y volver a empezar cada vez con más olor a mar, cada vez con mas arena en los pies, cada vez con mas magia y mas Sol pegado al pecho.

 

En cada nuevo comienzo tiene más sueños que rescatar.

 

Pero ella sabe que el viaje recién comienza al despertar.

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