Finanzas: un juego perverso

En una de las primeras clases de un curso de Finanzas, tratando de cumplir con las expectativas de formación que requería mi trabajo, se me ocurrió preguntar qué sucedería en el mundo si las Finanzas no existieran. El profesor luego de dos segundos de silencio respetuoso, dijo simplemente: “Nada… estaríamos organizados para vivir con lo que hay”. Un par de clases más tarde, concluí que las finanzas permiten vivir con lo que no hay. Abandoné el curso.

 

Obviamente como no me gusta perder el tiempo, ese año no seguí con el curso. Pero al año siguiente tuve que intentarlo de nuevo porque en mi trabajo parecía seguir siendo importante comprender las Finanzas.

 

Esta vez duré algunas clases más, hasta que comprobé que a lo que estaba dedicando un esfuerzo en horas, agotamiento e incluso dinero, era un Juego similar a tantos otros Juegos de Mesa: se abre la caja, llegan las instrucciones, se siguen las reglas que son complejas así que quienes más las conocen son los que siempre sacan ventaja, los perdedores van quedando en el camino y como el objetivo del juego es obtener ganancias infinitas, el juego no tiene fin… a menos que alguien decida que se hizo tarde, que es hora de guardar todo y cerrar la caja, colocarla en el estante junto a todos los demás juegos y regresar a la vida real.

Por lo general cuando un juego se guarda sin que llegue a su fin, quienes quedan chillando son los que iban ganando, obvio: eso lo sabemos muy bien las madres.

 

Vemos que los nenes comienzan a competir, que alguno ya está haciendo puchero porque le tocan todas las malas, uno le hace burla o hace sentir a los demás unos perdedores, a otro le puede picar el bichito del resentimiento porque siente que algo es injusto y que debería ser él quien vaya ganando, entonces comienza una pelea seguramente argumentada en algo para nada relacionado con el juego, por ejemplo: Me miraste riéndote! Te voy a matar! – … y así.

 

¿Qué hace una madre de cualquier cultura, en cualquier idioma, frente a esta situación? Se para firme y alza la voz: – Chicos! Esto es un juego, guardan todo y arreglan los problemas acá, dialogando y sin trampas. No les da vergüenza, son amigos, hermanos y tanto lio por un simple juego. Vamos! –

 

¿Qué nos refleja esta situación hogareña? Además de aceptar que el juego iba por mal camino y no iba a tener un final feliz, comprendemos que estaba ocultando cuestiones reales, necesidades de poder de alguno, quizás resentimientos de otros, enojos, problemas de competencia entre hermanos o amigos, desventajas mismas del juego que nada tienen que ver con las capacidades de los jugadores sino quizás con el turno en el que les tocó jugar u otras variables al azar, etc. La madre puede ver esto y exigir la hora de la verdad.

 

Fin al juego, hablemos claro.

La verdadera justicia es la que se puede aplicar sobre variables reales, no sobre las reglas de un juego complejo.

 

A veces pienso que determinados personajes no han tenido MADRE y por eso no saben ponerle fin a estas situaciones.

 

Ahora que alguien por favor me explique el juego de las Finanzas.

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