“Un tiburón en la pileta”

Imaginemos que tenemos una pileta, la estamos disfrutando en familia, con amigos, reposamos en sus bordes al sol, armamos asados, fiestas de cumpleaños y charlas hermosas bajo el cielo naranja del atardecer… el agua brilla, la cuidamos, sacamos fotos… Todo es para todos, y por supuesto a veces alguien se enoja o reclama un poco más de espacio, pero incluso esos conflictos son sobre la abundancia y el deseo de ser más felices.

Ahora imaginemos que un día alguien pone un tiburón en esa misma pileta.

Los niños, los amigos, no vienen más. Reposar en sus bordes es peligroso ya que el tiburón salta, hacer asados o fiestas dejó de tener sentido y charlar tranquilos cerca, menos que menos, salvo que sea para ver lo feroz que luce el tiburón. De un día para el otro el único tema de conversación es intercambiar las barbaridades que hace la bestia, hasta se cuenta de un hombre que cayó a la pileta sin querer y el tiburón lo destrozó a la vista de todos. Por supuesto ya nadie aprende a nadar… eso es triste porque antes todos nadaban tan bien!

 

Hay conflictos, claro que los hay.

 

Unos dicen que el tiburón tenía que estar en el agua, que la pileta es su lugar por derecho y otros dicen que una vez puesto en la pileta resultó que todo es para él.

 

Unos dicen que el tiburón no tiene la culpa de ser lo que es, y que debemos colaborar para que esté feliz y con la panza llena, para que entonces -tal vez- no nos coma si nos caemos al agua. Se los ha oído pregonar que es posible domesticar al tiburón y convivir con él.

 

Pero los otros dicen que un tiburón es salvaje, tal como el cuento del escorpión siempre seguirá su instinto y cuentan uno a uno los momentos horrendos que se viven cerca del tiburón. Cuentan lo que han hecho otros tiburones en otras piletas. Escriben libros para asustar a todos y convencerlos de que el tiburón es MALO.

 

En las radios, en la tele, en la calle de lo único que se habla es de los dientes, de su mirada feroz, de las aletas, de su velocidad, de cómo se mueve en el agua, de su hambre voraz, de cómo nos amenaza en cada momento del día, de su falta de compasión por quienes le dan de comer (más de una vez mordió un brazo de quienes le tiran comida para calmarlo). Solo se escuchan más y más barbaridades de la bestia.

 

Hay algo en común entre unos y otros: y es que la vida de todas esas personas que antes disfrutaban de la pileta, ahora está centrada en las excentricidades del tiburón.

 

Pero nadie dice ni hace lo que ya está en tu mente, lo que ya vos cómo lector estás pensando: Saquen a ese tiburón de ahí y déjense de lamentar por sus acciones.

 

Es un tiburón y NO tiene que estar en una pileta.

 

¿Cómo es que un tiburón termina en una pileta?

 

 

No tiene que estar cerca de tus hijos, de tu familia, de tus momentos de felicidad, la pileta era un lugar hermoso antes de que alguien meta el tiburón ahí – y no vino solo, sin duda, los tiburones NO vuelan.

Es un tiburón, eso nadie lo va a cambiar. Y un tiburón es tirano, sus instintos lo pueden, no cambiará, siempre estará ahí acechando, su lugar no es la pileta de tu jardín.

¿Quién decide en tu jardín?

 

Lo único concreto que queda por hacer, es sacarlo de la pileta, que corra su suerte en otro lado, y que vos disfrutes de tu pileta, de tu familia, del asado y de las tardes anaranjadas charlando de tu vida, no del tiburón. Al fin y al cabo el que construyó todo lo que la pileta representa sos vos, tu familia, tu esfuerzo. No es justo que un tiburón pase a decidir toda tu vida desde el agua de TU pileta.

 

Ah! Una analogía más: quienes no paran de hablar de las barbaridades del tiburón no buscan ninguna solución.

 

Por algún motivo – sobre el que hay que reflexionar luego – están más interesados en que los conflictos ronden alrededor del desastre que ha causado un tiburón en la pileta, en lugar de solucionar la cosa, discutiendo cómo sacar al tiburón de ahí para ser felices.

 

A mi no me gusta que las personas que no solucionan los problemas, me digan lo que tengo que hacer… sobre todo si lo que está en juego es mi familia, el futuro de mis hijos, la felicidad e incluso la tranquilidad de mi sueño.

 

Lic. Vanesa Vicente

 

PD: esto es un cuento, toda similitud con la realidad es pura coincidencia.

Ahora… si se parece a la realidad que estás viviendo, bueno… no seas necio y ponete a solucionar cómo sacar el tiburón de la pileta, en lugar de seguir haciéndole el juego a los morbosos que disfrutan de contar historias de terror sobre tiburones.

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