Ese niño tramposo al que nunca le pusimos freno

Cada vez que me acuerdo que ganaron por solo un 2% pienso en esas jugarretas infantiles en las que inventábamos las reglas de la carrera mientras nos ajustábamos los cordones para correrla.

Pero siempre había un pícaro que metía trampa y ganaba, todos sabíamos que había hecho algo “no acordado” pero nos mirábamos – ya de niños – como diciendo: “dejalo, no vale la pena”. Incluso al que se calentaba y lo quería trompear lo frenábamos entre todos, se acuerdan? todos vivimos algo así. Estoy muy de acuerdo con que la violencia no arregla nada, pero que bueno hubiera sido al menos gritarle lo que pensábamos, y hacerlo todos unidos, mostrando acuerdo.

El niño en cuestión quedaba como fuera de foco gritando solo, festejando un injusto “gané – gané – gané”. Vamos, no estoy inventando nada, en cada película que vemos se repite esto mismo, verdad?.

Para él solo importaba ganar, todos éramos testigos de que tampoco le molestaba festejar como LOCO adelante de los amiguitos a los que acababa de trampear. Amiguitos a los que después les pedía la galletita mas rica, a los que les exigía la tarea 2 minutos antes de que llegue la maestra, etc.

Moraleja: si de niños nos educaron para ser tolerantes con el ganador injusto, irrespetuoso y que además después SE LA CREE por haber ganado con trampa, no sé de qué nos sorprendemos hoy… pero doler, duele.

NO LE ENSEÑES A TUS HIJOS A SER TOLERANTE CON LA INJUSTICIA, evitales por favor sentirse unos tarados como se sienten muchos hoy.

 

Aclaro: soy la de la foto con delantal blanco, nunca acepté las injusticias hacia mi o hacia nadie – siempre miré de frente y con sonrisa ancha, claro que los años me han dado aplomo – pero ha tenido costos. Al final se gana cierta soledad, pero nunca me gustó tener de amigos a esos que festejan enfrente a quienes acaban de trampear: “gané – gané – gané”. Las carreras se transitan, no se ganan. La vida se vive, no se gana. La realidad se mira de frente o nunca será TU realidad. La comunidad te necesita a VOS, no al chiquito caprichoso que aprendió a ser tramposo.

Vanesa Vicente

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